En defensa propia

 Celia Foster Nolan es una diseñadora de éxito en Manhattan, tiene un hijo de cuatro años que se llama Jack y está casada en segundas nupcias con Alex Nolan. Parece que la vida le sonríe hasta que el día de su cumpleaños a su marido se le ocurre darle una sorpresa que traerá a su memoria recuerdos del pasado que a ella le hubiera gustado mantener encerrados en lo más profundo de su cerebro, allí donde no pudiera acceder a ellos.
 Su marido le ha comprado una casa en un pueblecito llamado Medham, el problema es que Alex no conoce nada del pasado de su mujer y en cuanto Celia entra en la casa vienen a ella todos los recuerdos dolorosos de su infancia. Veinticuatro años antes, cuando Celia contaba con diez años mató a su madre sin querer, su padrastro estaba maltratando a su madre y ella lo estaba oyendo todo, así que sacó una pistola que sabía que su madre tenía guardada precisamente por miedo al padrastro y se dirigió a la habitación, apuntó con la pistola al hombre pero no contó con que él arrojaría a su madre contra ella. En ese momento la pistola se disparó, hiriendo de muerte a la madre. Lo único que ella quería era protegerla.
 Celia, que entonces se llamaba Liza, fue juzgada y declarada inocente pero no todo el mundo creía en su inocencia.

 Después de todo aquello Liza se cambió el nombre a Celia y prometió a su primer marido, Larry, que nunca contaría a nadie nada sobre su pasado. Ahora volvía a encontrarse en la misma casa donde mató a su madre sin saber que es víctima de una conspiración que la obligará a enfrentarse a su pasado y a sus miedos, a ser de nuevo la Liza de diez años que sin querer mató a su madre.

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