El pintor de sombras

Marzo de 1973. Pablo Picasso, muy avanzado en años, recuerda cómo en Barcelona al terminar el siglo diecinueve distintos personajes que destacaban en diversos campos se concentran en la bulliciosa ciudad y sus a veces oscuras calles. El joven Picasso de esa época comienza a hacer amigos y pertenece a un círculo de compañeros con los que compartirá diversas vivencias. Pero desgraciadamente una en concreto le dejará marcado por el resto de su vida: Algunas de las prostitutas del burdel donde vive están sufriendo a manos de un asesino que les arrebata la vida atrozmente. Y lo peor es que hay indicios que apuntan a él como el autor de los hechos.
 Aún así la policía española contacta con los detectives de Scotland Yard, pues los crímenes recuerdan a una serie de asesinatos que ocurrieron hace algunos años en Londres.
 A Barcelona es enviado el agente Steven Arrow, quien con su sagacidad y métodos de investigación demostrará que el joven pintor es un cabeza de turco, alguien a quien culpar y así desviar la atención del verdadero asesino, alguien con una mente tan retorcida que ha podido planear desde mucho tiempo atrás todos sus movimientos. Alguien posiblemente de un alto linaje, tan alto que es posible que nadie sea capaz de alcanzar.
 Pero el investigador Arrow, de quien cuentan que ha sido el modelo de Sir Arthur Conan Doyle para dar vida en sus libros a Sherlock Holmes, no está dispuesto a permitir que el vil Jack el Destripador se escape de nuevo.
 Acompañado de su compañero y amigo el Doctor Sherrinford, y a veces ayudado por el joven Pablo Ruiz Picasso, quizás llegue a una triste conclusión, una que puede llevar a perder el juicio a un hombre: El crimen perfecto no es el que se resuelve condenando a un falso culpable. El crimen perfecto es el que aún sabiendo quién es el culpable, no se puede hacer nada para juzgarlo.


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